Qué pena da el pene. Perdió su cortesía ante las damas. Ya no se levanta. Ya no es el primero a levantarse de la cama. Y se queda soñando tiempos pasados cuando erguido se mantenía. Ay, qué triste anda el pene Perdió sus cinco amigos Y sus abrazos de amor malentendido Sus segundos de gloria tras la batalla Y sus idas y venidas Hasta sus húmedas despedidas Qué deprimido va el pene Encogido y marchito Sólo le queda el celibato obligado Enclaustarse en un monasterio Y decir adiós Con una salva sin munición. Abracemos la vida.