El trabajo tiene sus recompensas. Abrió con su propia llave, imaginando el espectáculo que le esperaría, después de que le implantaran unos pies mecánicos. Habían sido muchos meses de trabajos ilegales, palizas a desgraciados, cortes de cara, algún ojo que otro despojándolo de su lugar habitual, y sí, eso sí, muchas lenguas que dejaron para siempre el mundo de la palabra. Todo ello, ¿para qué? Pues para conseguir aquella llave Que habría una habitación en aquel antro de mala muerte Donde disfrutaría por fin de esa maravilla lasciva No había nada en el mundo comparado con sus pies Aunque ahora estuvieran en aquel altar ¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡Suscríbete al canal!