Miré el revólver. Era una reliquia de mi viaje al pasado. Un souvenir del antiguo oeste, datado hace ya dos mil años. Pese a la prohibición de la compañía histórica de traer objetos del pasado, la atracción de aquel arma fue superior a las órdenes estrictas. Estaba allí, mirando con desafío a mis ojos. No lo pude evitar. Alargué mi brazo y lo cogí de aquella caja negra donde había un nombre, John Dillinger, mi antepasado. Ahora estoy desapareciendo. No podía imaginar que el revólver salvó la vida de aquel ancestro, mientras ahora me la quitaba a mí.