A veces quiero preguntarte cosas y me intimidas tú con la mirada y retorno al silencio contagiada del tímido perfume de tus rosas. A veces quise no soñar contigo y cuanto más quería más soñaba por tus versos que yo saboreaba. Tú el rico de poemas, yo el mendigo. Pero yo no adivino lo que invento y nunca inventaré lo que adivino del nombre esclavo de mi pensamiento. Adivino que no soy tú contento Que a veces me recuerdas, imagino Y al írtelo a decir, mi voz no siento