A 745.000 sextillones de años luz de la Tierra, más allá de la constelación galáctica de Puchilingus, espirales de polvo sideral orbitan la gran supernova enana de neutrinos. El colapso supracuántico de las fluctuaciones gravitacionales se revela como una señal inequívoca e irrefutable del origen interestelar de la genuina compota cósmica primigenia. Un hallazgo extraordinario que supone un cambio de paradigma y un pifostio cósmico... ¡qué flipas, tete!