Fragmento de los automóviles de Luis García Montero Los automóviles llegaron aquí un año de repente y con ellos el tiempo, hacia 1958 entonces. Están los mismos tilos al borde del jardín, los mismos ojos detrás de la ventana, siempre conventual a las fuentes vacías del invierno. Nos fue dado el amor de pronto por la vida y sus cosas pequeñas Armarios diminutos donde encerrar la infancia, ¿recuerdas? Era blanco el tejado y se posan aún de día las palomas Y sus ojos nos miran como un fuego tardío cada vez que salimos huyendo de la casa Yo he buscado su piel en todas mis amantes La marejada rubia de sus hombros, la formación de almendras que estallaba en su boca y que luego ponía en las manos de él, él que estaba allí, allí también entre nosotros como un inmenso capitán de plomo. Buenos días.