Dice Luis García Montero que releer la poesía escrita durante 35 años supone un ejercicio de memoria y de conciencia. Se regresa a las estaciones de la poesía y de la vida, a las responsabilidades literarias, al amor, al dolor, a las calles de una ciudad, a la luz de la habitación en la que se escribió un verso o a la anécdota que se convirtió en metáfora. La memoria prendida en los poemas pertenece a un azar implacable. De las dudas sobre el propio trabajo, solo llega a consolar la certeza de saberse dedicado a una tarea noble que reivindica la dignidad humana, la conciencia individual y el diálogo con otros, en el tiempo demasiado silencioso o demasiado locuaz de una nueva barbarie. Buenos días.