Fragmento de 'Nunca fuimos refugio', de Alba Muñoz Carbonell.
Ella sintió que el aire se volvía más denso. Bajó la mirada por un instante y, sin pensarlo demasiado, pasó la mano por otra página de su libreta, deteniéndose en algo que había escrito hacía tiempo, pero que sólo ahora tenía sentido.
Le tendió la libreta otra vez.
Álex bajó la vista y leyó en voz baja:
No te miro, te descifro.
No te toco, te leo.
Y cada centímetro de ti
es un verso que jamás dejaré de escribir.
Álex sonrió levemente, con esa expresión de quien acaba de entender algo que ya sabía sin darse cuenta.
- Entonces sigue escribiéndome.
Blanca dejó escapar una leve sonrisa.
- Siempre.
Buenos días...