No me sirven estos ojos para mirarte, son demasiado tímidos y miopes, habrá que adiestrarlos para que te lean cuando sonríes desde tu neblina o dices adiós como quien dice quédate. No me sirven estos ojos porque parpadean y a ti hay que mirarte sin tregua ni respiro, ya que de lo contrario eliges diluirte en suspiros, presagios y distracciones y entonces nadie sabe a dónde te escabulles. No me sirven estos ojos porque a veces, a pesar de mi oficio de nictálope, no puedo adivinarte en tu balcón cuando asumes la pena y el fracaso de esta boca que no llega a tu boca. Buenos días.