Lento viene el futuro, con sus lunes y marzos, con sus puños y ojeras y propuestas. Lento y no obstante, raudo, como una estrella pobre sin nombre todavía. Convaleciente y lento, remordido, soberbio, modestísimo. Ese experto futuro que inventamos nosotros y el azar. Cada vez más nosotros y menos el azar. Buenos días.