Pensó él, te acercaste otra vez como a una alondra cansada de volar. Muerta de miedo, traías en los ojos tres palabras que presumiblemente eran de amor. Yo supe asimilarte despacito y el alma abrí como una boca hambrienta. Puse en tus labios besos serviciales y en tus manos secretos de mis manos. Pensó ella, yo sé que a veces fabricamos cautas distancias entre ambos, una lástima, pero de a poco se van estrechando hasta fundirnos en un solo abrazo. Somos dos sombras y también dos luces, alumbrémonos de una vez por todas y hagamos del amor una corriente que comunique nuestras dos orillas. Buenos días.
Cuando dejamos de lado el miedo y nos mostramos vulnerables, logramos conectar con el otro, encontrando alivio y luz en esa unión que supera cualquier distancia. Buenos días.