Qué fatiga la vida de frontera, siempre en el territorio de uno mismo, viendo la diligencia del abismo pasar conmigo hacia un lugar cualquiera que acaba siendo siempre mi frontera. Me ha hechizado la luz y me ha hechizado la oscuridad también. De esta manera, la vida es una guerra de frontera, pasada en desearlo inalcanzado, mientras la vida queda al otro lado. La frontera no sé dónde termina Llueve dentro de mí No hay más que un velo que asciende sangre arriba Y cubre el cielo de cualquier porvenir con su neblina Y allí donde camino se encamina Quisiera ser ajeno a esta violencia Marchar hacia otros climas de mí mismo Pero al final del viaje está el abismo A donde me conduce con urgencia el mismo yo La misma diligencia Buenos días