Yo, como te dije, solía dibujar, confesó después de un momento, hasta que sentí que los trazos se volvían repetitivos, siempre los mismos rostros, las mismas historias. Blanca lo miró con atención, notando en sus ojos un brillo distinto, algo roto y al mismo tiempo vulnerable. ¿Y por qué dejaste de hacerlo? Alex dejó escapar una risa seca. ¿Por qué no encontraba nada nuevo que decir? Hizo una pausa antes de añadir. Hasta ahora. El comentario flotó en el aire como un susurro no planeado. Blanca bajó la mirada sintiendo el calor en las mejillas. Por primera vez en mucho tiempo, algo parecido a Esperanza se filtraba por las grietas de su pecho. Las palabras seguían sin decirse, pero ambos sabían que había una conversación que estaba ocurriendo por debajo de la superficie. «Buenos días».