¿Por qué la sociedad decide qué muertes se lloran y cuáles no?
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Cuando era pequeña, un perro me mordió. Y durante mucho tiempo les tuve miedo. Pensaba que todos eran iguales, que me harían daño. Hasta que llegó él, con su ternura, con su amor sin condiciones, y me cambió la vida. Y después de él, vinieron otros dos. Pero entonces, llegan las despedidas. Y aquí es donde el mundo se vuelve frío. Porque parece que ese luto no vale, que no se valida igual que el resto de las pérdidas. Con ellos se te va un trozo de corazón, tienes el alma rota, pero se supone que debes seguir como si nada. Pero dime, ¿por qué nos da tanta rabia que alguien sufra por un animal, si ellos son los únicos que nos han querido sin pedirnos nada a cambio?