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20 euros por hacer el ridículo
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Ya casi no hay espectáculos donde un cómico se ha currado un texto divertido y lo expone al público mediante un monólogo. Hoy lo que se lleva es una supuesta comedia de interrogatorio. Te sientas en una butaca del teatro y un agente de la KGB disfrazado de humorista malo te hace un tercer grado. El cómico es un influencer o creador de contenido que no sabe cómo llevar sus vídeos al escenario y tira de meterse con el público. He visto varios shows así y ya me he hartado de no solo aburrirme sobremanera, sino de pasar mucha vergüenza ajena. Ahora me informo y si va de eso, ya ni voy, ni regalado. Y es que ya no solo nos conformamos con ser protagonistas en nuestros propios perfiles de redes sociales, sino que además queremos serlo en los espectáculos y redes de otro. Y encima, pagando.